EL DOCENTE UNIVERSITARIO EN LA MODERNA SOCIEDAD

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La globalización y la sociedad del conocimiento imponen un gran reto a la educación superior,  el desafío de asumir un proceso capaz de innovar, de transformarse, de participar creativamente y competir en el conocimiento internacional. Requiere asumir un rol estratégico que le permita ser más pertinente a las necesidades reales del país.

Las economías más avanzadas hoy día se basan en la mayor disponibilidad de conocimiento e información. Las ventajas comparativas dependen cada vez más del uso competitivo del conocimiento y de las innovaciones tecnológicas.

La riqueza de las naciones está en el cultivo de la inteligencia de su pueblo, por lo que se necesita priorizar la inversión en el “capital humano”: educación, ciencia, tecnología e información. La mayor complejidad en la estructura del conocimiento contemporáneo, que según Edgard Morin solo puede ser asumida por el “pensamiento complejo”, impone la interdisciplinariedad como la manera adecuada de dar respuesta a esa complejidad.

Esto ha dado lugar que en todas las regiones del mundo se viva un proceso de transformación universitaria; es relevante la preocupación por la calidad, que ha llevado a organizar procesos de evaluación y acreditación, a mejorar substancialmente los procesos de gestión y administración; a aprovechar las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, a fortalecer la dimensión internacional de enseñanza superior así como el ejercicio de la autonomía universitaria con responsabilidad social y la búsqueda de nuevas formas de vinculación con todos los sectores sociales y estatales.

De ahí que el perfil profesional que orienta el proceso de formación de los graduados debe incluir competencias que les permita contribuir a la innovación y a ser creativos, a enfrentar las incertidumbres, a trabajar en equipo, a asumir responsabilidades, a ser emprendedores a dominar campos de conocimiento que constituyen la base de diversas capacidades profesionales, como por ejemplo las nuevas tecnologías.

La transformación profesional exige, entonces, un cambio total de actividad en profesores y estudiantes, al tener que pasar de la idea de una educación terminal a una educación permanente: es decir, el profesional del futuro, estará atrapado de por vida en la educación, y educación y trabajo irán de la mano y no la una a expensas del otro.

La respuesta de la universidad frente a estos desafíos, demanda una serie de tareas conducentes a fortalecer las capacidades de docencia, investigación, vinculación con  la colectividad y gestión; a flexibilizar sus estructuras académicas e introducir en su quehacer el paradigma del aprendizaje permanente; a desarrollar amplios programas de actualización y superación  académica de los docentes, junto a estímulos laborales apropiados

El docente se transforma en un guía, en un tutor, en un suscitador de aprendizajes, capaz de generar en su aula un ambiente de aprendizaje; ejecuta una práctica docente que articula en su hacer, el progreso social, el desarrollo científico- técnico y la investigación. Induce  a sus alumnos a la práctica de los paradigmas del “aprender a aprender”, “aprender a desaprender”, “aprender a emprender” y “aprender a arriesgarse”

En esta perspectiva el docente estará sujeto a un proceso de actualización  permanente, como afirma el profesor colombiano Alvaro Recio: “el educador para el siglo XXI,  será un pedagogo-investigador con una honda formación humana y social, de modo que se convierta en agente de cambio de él mismo, de sus alumnos y de la comunidad circundante.” …“La enseñanza se orientará, también, a que el alumno aprenda a trabajar, a investigar, a inventar, a crear y a no seguir memorizando teorías y hechos”. 

Dra Enma Zerda Reyes Mg.Sc.

DECANA DE LA FACULTAD DE CC.SS.

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